Crónica de un envejecimiento anunciado

Las sociedades están registrando un progresivo envejecimiento de la población. Según el estudio de United Nations, España ocuparía en 2050 el 4º lugar, por detrás de países como Japón, Alemania e Italia, con personas mayores de 65 años y el 5º entre la población mayor de 80.

De hecho, los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) no augura cambios significativos ya que, si continúa la tendencia demográfica, España perdería 552.245 habitantes en los próximos 15 años y 5,3 millones (un 11,6%) dentro de 50, reduciendo la población a 41,1 millones en 2066.

Desafíos de una población envejecida

Sin embargo, el decrecimiento de la población no está motivado por la tasa de mortalidad, sino por otros condicionantes socio-económicos, como el envejecimiento de la generación conocida como "baby-boom", una natalidad en descenso (de 3 hijos promedio en 1975 a 1,2 en la actualidad) y un aumento significativo de la esperanza de vida.

En 2014, España era el país con mayor esperanza de vida de los 28 países de la Unión Europea con una media de 83,3 años. Las causas se deben principalmente a las mujeres españolas que presentan una longevidad comparable con Japón. A su vez, del 2012 al 2016, España perdió unos 640.000 habitantes, pero las causas no solo se encuentran en la escasa tasa de natalidad, sino en el abandono sistemático de jóvenes activos que ha sufrido el país en los últimos años.

En marzo de 2016, el INE estimaba en 2,3 millones los jóvenes emigrados a otros países, mientras se incrementa el número de extranjeros de la tercera edad que encuentran su lugar de residencia en las costas de un país dedicado al servicio.

Nuevos retos: cambio de paradigma

Con estos datos, se hace evidente promover un cambio de paradigma en la construcción de sociedades futuras, prestando mayor atención a personas mayores. Entre los grandes retos que menciona el Centro de Estudios Europeos encontramos la política de pensiones, de salud y cuidados de larga duración, de empleo, de migración e integración y de desarrollo de infraestructuras. 

La hoja de ruta fijada a nivel europeo y mundial plantea una serie de objetivos para dignificar el envejecimiento. Por ejemplo, poner en valor la protección social a familiares y cuidadores de personas mayores, promover su integración en la sociedad a través de la actitud activa y la creación de espacios amigables, gestionar la atención de demandas y suministrar cuidados paliativos para lograr un final de vida más digno.

Por su parte, la Fundación General del CSIC propone incentivar la investigación en biomédica y biomecánica, así como aspectos más sociales y psicológicos que estudien y analicen la realidad de los pacientes y de su entorno.

También es destacable mencionar cómo el ámbito sanitario está llevando a cabo grandes avances. Entre las novedades que están revolucionando el medio destacan sensores para el seguimiento de hábitos de conducta y seguridad en el hogar, el control de la salud con biosensores y tejidos inteligentes, la implantación de videoconferencia personal para asistir a pacientes, o señales biométricas para el reconocimiento de emociones humanas y desórdenes neurológicos. También se están diseñando sistemas de realidad virtual para estimular habilidades visioespaciales y robots que gestionen actividades diarias a distancia. 

"Las máquinas pueden cuidarnos, pero les traemos sin cuidado"

 La tecnología, la robótica e incluso la nanotecnología, comienzan a ser campos muy especializados para dar respuesta a las necesidades de la sociedad futura. Por ejemplo, el centro pionero en aplicaciones tecnológica de Massachusetts (EE.UU), MIT Media Lab, trabaja desde hace 30 en la "adaptabilidad humana". Sin ir más lejos, un grupo de investigación de la Universidad de Jaén está poniendo en marcha un proyecto de casas inteligentes.

La innovación tecnológica comienza a dar respuesta a los cambios sociodemográficos y cada vez hay más laboratorios que se suman a la investigación y al desarrollo de herramientas útiles para el futuro. Sin embargo, poner en valor el envejecimiento activo de la población pasa de forma transversal por los factores sociales, culturales, políticos y económicos.

En ese sentido, Judy Wajcman recoge en su libro 'Presos del tiempo' la idea de que "las máquinas pueden cuidarnos, pero les traemos sin cuidado". Es decir, ante la  irreversible robotización de la sociedad, hay cuestiones que atañen a la dimensión humana, la ética, el compromiso y la corresponsabilidad con las personas mayores. Ese es el gran desafío. 

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